
“Cuando yo era chico me decían que cualquiera podía llegar a presidente de la nación. Estoy empezando a creerlo”
- Clarence S. Darrow (1857-1938) Abogado estadounidense -
En estas últimas elecciones, para la gente que ha analizado mínimamente los comportamientos de los posibles electores, hemos observado como se ha potenciado un fenómeno característico de la dinámica política española a cual denomino “voto a la fuerza”.
El “voto a la fuerza” sería aquel voto que ejerce el votante “en contra” de otro partido, es decir, un voto que, generalmente, va encaminado a votar al principal partido opuesto al partido “odiado” por el elector aunque, al votar a este, no se compartan ni las actitudes de sus líderes ni sus programas.
Esto lleva sucediendo en España desde hace dos legislaturas, en cada una de las cuales este voto a la fuerza ha sido diferente entre estas, condicionado por diferentes circunstancias. En las elecciones del 2004 una parte importante del “electorado a la fuerza” del PSOE basó su voto en dos circunstancias: primeramente, en un “ataque” a la política social y, en algunos puntos, económica del PP llevada a lo largo de sus últimos cuatro años, ataque basado en algunos hechos puntuales relevantes como “el Decretazo” (eliminación de algunos tipos de subsidios al desempleo) o algunas leyes propuesta en temas de educación como
Por otro lado, aunque este voto mas que “a la fuerza” sería un “voto desde la ira”, sería una parte del electorado (aunque esta afirmación he de decir que es más teórica que empírica) que voto contra el PP debido a las mentiras dichas desde el Gobierno respecto a la autoría del atentado del 11-M con motivos que, hasta para alguien que no le interesa la política, se sabía que eran claramente partidistas.
En estas últimas elecciones de 2008, aunque similar, el voto a la fuerza podría fundarse en un odio a la política llevada a cabo por el PP durante la legislatura de Rodríguez Zapatero, que en su totalidad estaba encaminada al “acoso y derribo” de cualquier propuesta llevada a cabo desde el Gobierno socialista, aunque ese rechazo a las propuestas fuera impopular y le supusiera, en algunos casos (y como se ha demostrado), un coste en votos (por poner un ejemplo de este tipo de política popular, el rechazo a la aprobación de
Por otro lado, tampoco debemos olvidar, que gran parte de la derrota del PP en estas elecciones ha sido debido al fracaso tremendo en el diseño de su campaña electoral, que en ningún momento buscó una ampliación de su electorado en aquel denominado “voto indeciso” o en esa parte del electorado que es “apática” políticamente hablando.
También cabe decir que el PSOE no ha sido el único beneficiado del voto a la fuerza, ya que, por lo menos en estas últimas elecciones, el PP también ha sido beneficiado, ya que, a pesar de su derrota, ha ampliado la movilización de su electorado otorgándole 5-6 escaños más en el Parlamento. Achacaría igualmente este aumento de la masa del electorado a una movilización del “votante contra el PSOE” más que del votante a favor del programa electoral del PP.
Una vez analizado este hecho es ahora cuando nos tenemos que preguntar: ¿de que grupos socio-políticos está compuesto este “electorado a la fuerza”? Pese a que intentar resolver este enigma es harto complicado ya que no tenemos una base empírica sobre la que basarnos, si podríamos hacer algunas conjeturas para acercarnos a su resolución.
Centraremos el análisis de esta cuestión únicamente en el análisis del electorado a la fuerza de estas últimas elecciones. Podríamos decir, primeramente, que el voto a la fuerza del PSOE podría estar compuesto por:
Esta parte del electorado votaría o cambiaría su voto al PSOE debido a una combinación de actitudes compuesta a mi opinión de: primero, un “miedo a otros cuatros años negros”, miedo a que salga el PP; segundo, un desacuerdo con respecto a los programas del PP, basado en la costumbre del partido, es decir, en lo que efectivamente ha hecho el PP en legislaturas anteriores; y por último, y no menos importante, una “repulsa” al candidato del PP, Mariano Rajoy, al cual no les gustaría ver de Presidente de Gobierno bajo ninguna circunstancia (“No me gusta Zapatero, pero nunca elegiría a Rajoy”).
Otro factor que movilizaría claramente a esta capa socio-política sería el denominado “voto útil”. Desde mi punto de vista esta categoría de voto no deja de ser una vertiente del “voto a la fuerza”, ya que se basa, en gran medida, en “renegar” los votantes de su posición de “no voto” o de su filia a un partido en concreto por el voto a otro partido que, aunque no acepten sus programas totalmente, saben que tiene más posibilidades de hacer frente al “partido odiado”. Este tipo de voto a la fuerza, sin embargo, ya no se basaría únicamente en la repulsa a un partido en concreto, sino también en el conocimiento del votante, en mayor o menor medida, de los mecanismos del sistema electoral y de la ley matemática que se aplica. Se mezclaría, por tanto, una actitud de repulsa con una actitud reflexiva meditada sobre lo que “más conviene” en estos momentos, por otra parte igualmente basada en el “miedo al partido odiado” (“Ser fiel a mi partido y que pueda salir el que odio, o cambiar mi voto”).
A pesar de los efectos devastadores que ha tenido el “voto útil” para algunos partidos, cebándose especialmente en IU (de 5 escaños en
Por otra parte, el voto a la fuerza del PP sería más fácil de analizar desde mi punto de vista, ya que se basaría en: por un lado, la movilización de aquella parte del electorado que expresa un odio visceral hacia el candidato socialista y/o a lo que ha hecho durante esta legislatura, hábilmente “catastrofizado” por el PP; y por otro lado, la movilización de la “extrema derecha” hacia el “voto útil”, que ven como es más factible hacer frente al “avance del socialismo” votando a su principal oposición. Esto se puede ver reflejado en la reducción de votos que han tenido algunos de los partidos tradicionalmente de extrema derecha a favor de un incremento de votos (y escaños) del PP (por ejemplo, Democracia Nacional ha bajado 2.000 votos de
No me tiembla el pulso al decir que parte de su nuevo voto viene de la movilización de la extrema derecha, ya que ha quedado claro en estas elecciones que el PP no ha conseguido movilizar el “voto indeciso” (podría decirse incluso que “ha tocado techo”).
Para finalizar, acabaré con una afirmación que casi podría tratarse como una hipótesis: el denominado “voto a la fuerza” es un voto basado en el miedo. Existe una gran cantidad de votantes que su voto se guía por el “miedo al otro”, y eso creo que, aunque sea posible dentro de la democracia (si es que podemos llamarla así, ya que en definitiva el “no voto” es voto, aunque eso lo dejaré para otra ocasión) no favorece en absoluto a la democratización del sistema, ya que provocará paulatinamente una carencia de diversidad en la representatividad de las posiciones políticas de los ciudadanos españoles y una progresiva bipolarización del voto en dos partidos, un progresivo bipartidismo. En este sentido, Gaspar Llamazares no se equivoca cuando dice que España ha sido “arrollada por un tsunami bipartidista”.


